El mercado laboral argentino atraviesa un momento de deterioro estructural. Según datos actualizados al segundo trimestre de 2026, la probabilidad de conservar el empleo actual cayó al nivel más bajo de los últimos diez años, ubicándose por debajo del 65% en promedio.

Este indicador, que mide la estabilidad real más allá de la tasa de desempleo, refleja no solo despidos sino también una mayor rotación voluntaria e involuntaria, contratos temporales y una precarización que se extiende incluso en sectores que hasta hace poco se consideraban estables.

¿Qué está pasando realmente?

La combinación de inflación persistente, ajuste fiscal y cambios en la regulación laboral generó un escenario donde las empresas optan por mayor flexibilidad. En términos prácticos, eso significa que cada vez más trabajadores firman contratos a plazo fijo o bajo modalidades de “locación de servicios” que les quitan protección ante un eventual cese.

En Buenos Aires y el AMBA, donde se concentra la mayor parte del empleo formal, la caída es aún más pronunciada en sectores como comercio, servicios y construcción. En el interior, las economías regionales ligadas a la agroindustria muestran una leve resistencia, pero también registran mayor incertidumbre.

El impacto en las personas

Para un trabajador de 35 años con familia, esta fragilidad se traduce en dificultad para acceder a un crédito hipotecario o incluso a uno personal. Los bancos ajustaron sus criterios de scoring laboral y hoy exigen al menos dos años de antigüedad en el mismo puesto, algo que cada vez menos gente puede demostrar.

Las pymes, que representan más del 70% del empleo privado, son las que más están sufriendo este círculo vicioso: tienen menos margen para mantener planteles estables y, al mismo tiempo, pierden talento que emigra hacia oportunidades más seguras o directamente al exterior.

Los números detrás de la noticia

El último informe del Observatorio de Mercado de Trabajo (actualizado en agosto de 2026) muestra que la duración promedio de las relaciones laborales cayó de 48 meses en 2019 a apenas 31 meses este año. En paralelo, la tasa de rotación voluntaria subió 18% interanual, impulsada por quienes buscan mejores condiciones en un mercado cada vez más informalizado.

¿Qué se puede esperar en los próximos meses?

Especialistas consultados coinciden en que sin una recuperación sostenida de la actividad económica, esta tendencia difícilmente se revertirá antes de 2027. Algunas medidas anunciadas por el Gobierno, como incentivos a la contratación de jóvenes, podrían mitigar el problema en segmentos específicos, pero no atacan el núcleo de la fragilidad estructural.

Mientras tanto, trabajadores y empresas navegan en un terreno movedizo. La recomendación más repetida desde consultoras y sindicatos pasa por la formación continua y la diversificación de ingresos, aunque en un contexto de alta inflación y bajo poder adquisitivo, ponerlo en práctica no resulta sencillo.

El dato de la probabilidad de conservar empleo es, en definitiva, un termómetro más preciso que la simple tasa de desocupación. Y ese termómetro, en agosto de 2026, marca un claro alerta roja para el mercado laboral argentino.