El déficit comercial bilateral con Brasil se redujo drásticamente en julio de 2026 y el intercambio automotor fue el gran responsable.
Según datos oficiales, el rojo con el principal socio comercial alcanzó los u$s262 millones, una mejora de más del 50% respecto al mismo mes de 2025. La clave estuvo en el sector automotriz: el déficit en ese rubro cayó casi 90% interanual, lo que explica gran parte de la corrección del saldo general.
Esta tendencia no es casual. La recuperación de la producción local de vehículos, sumada a una demanda brasileña más estable, permitió que las exportaciones de autos y autopartes crecieran de manera significativa. Del otro lado, las importaciones de vehículos terminados desde Brasil se moderaron, achicando la brecha que históricamente castiga las cuentas con el vecino.
Para las terminales radicadas en la Argentina, el dato es alentador. Después de varios meses de números negativos, el sector empieza a mostrar señales de alivio que podrían extenderse en los próximos meses, siempre que se mantenga el ritmo de ventas en el mercado brasileño.
Desde el punto de vista macro, la mejora del saldo bilateral alivia la presión sobre las reservas del Banco Central y da un poco de oxígeno a la balanza comercial total del país. Brasil sigue siendo, con diferencia, el destino número uno de las exportaciones argentinas y el origen de buena parte de las importaciones manufactureras.
Economistas consultados coinciden en que, si bien el dato de julio es positivo, todavía es prematuro hablar de una reversión estructural. El desafío pasa por sostener la competitividad industrial y evitar que cualquier rebote del consumo interno vuelva a disparar las importaciones de vehículos.
De todas formas, para las pymes autopartistas y las plantas de ensamblaje locales, cada punto que baja el déficit se traduce en mayor actividad y empleo. En un año marcado por la cautela en el consumo, este tipo de mejoras sectoriales son bienvenidas.